Por qué el tema «El parque de atracciones» da un buen libro
Una aventura a la medida del niño
Para muchos niños, el parque de atracciones es la imagen de un gran día: música por todas partes, colas que dan cosquillas en la barriga y un medidor de altura junto a cada atracción. En un libro, tu hijo puede subirse a todas a su ritmo, quedarse en una página todo el tiempo que quiera y sentir ese vuelco en el estómago sin que llegue a ser demasiado. El libro también recoge lo que forma parte de un día así: querer subir y no atreverse, y luego atreverse y querer repetir enseguida. Antes de una visita, muestra lo que le espera. Después, se convierte en un recuerdo que puede volver a hojear.
¿Qué puede pasar entre atracción y atracción?
Los coches de choque son un buen comienzo: tu hijo conduce, el abuelo choca y las risas resuenan bajo el techo de chapa. Después, quizá el laberinto de espejos, donde en uno tu hijo es tan alto como una farola y en el siguiente, tan plano como una tortita. Tal vez suba a la noria y vea toda la ciudad desde arriba, o gane en la tómbola un peluche más grande que él y se lo regale a alguien que lo necesite más.
La historia no tiene por qué girar en torno a las atracciones más altas. Un niño que prefiere montar en el trenecito que rodea el estanque es igual de protagonista.
Vuestro día en el parque
¿Ya habéis ido o estáis planeando una visita para el verano? Cuéntanos qué hicisteis o qué tenéis pensado: cuál fue la atracción favorita, quién os acompañó, el helado que se derritió por toda la mano. Si hubo algo que tu hijo no se atrevía a hacer al principio y luego hizo, puede ser un bonito momento decisivo para la historia. También puede acompañarlo un hermano o hermana mayor que tenga altura suficiente para subir a más atracciones: así tendrán algo que resolver juntos. Añade algún detalle que solo entienda vuestra familia, como que mamá siempre se marea en las tazas giratorias o que compartís un cucurucho de patatas fritas en el banco junto al estanque.
Del caballo del tiovivo al looping
Para los más pequeños hay sonidos y colores: vueltas y vueltas, arriba y abajo, el globo es rojo. Un niño de cuatro años sigue todo el día, desde la entrada hasta el viaje de vuelta en coche, ya con sueño. Si eliges de 6 a 9 años, hay espacio para un pequeño problema con diálogos, como el del conejo en el laberinto de espejos. Para un niño de doce años, el parque puede ser escenario de verdadero suspense, quizá una noche en la que ya ha cerrado y, aun así, las luces se encienden una a una.
Después de leer, podéis dibujar vuestra propia atracción e inventarle un nombre. Muchas atracciones de verdad tienen una altura mínima, y medirse en el marco de la puerta de casa puede convertirse en un juego. Si lo que más le atrae son los dulces y los colores, el País de los Dulces puede ser el próximo libro.
Tu hijo es el héroe
Rellenas el nombre y la edad del niño y lo que le gusta, y subes una foto. La historia sobre el parque de atracciones se escribe para tu hijo en concreto, y las trece imágenes y la portada se dibujan a partir de la foto en el estilo que elijas. Hermanos, padres, abuelos o la mascota pueden acompañarlo, hasta cinco personajes. Si quieres incluir algo que haya pasado últimamente, un viaje o un diente que se ha caído, lo escribes y se integra en la historia.
Del libro electrónico al libro de tapa dura
El libro electrónico está listo unos minutos después del pago y puedes cambiar el texto y pedir imágenes nuevas. Después lo pides como libro de tapa dura en A4. Empieza a crear el libro o lee más sobre los precios. ¿Quieres ver cómo queda un libro terminado antes de decidirte? Hojea nuestros libros de ejemplo.
Así puede empezar la historia
La puerta se abre con un clic y enseguida lo oyes: la música del tiovivo, gritos que vienen de algún lugar muy alto y un hombre que anuncia los premios de una caseta. El aire huele a palomitas y azúcar quemado. Agarras bien la entrada, todavía un poco doblada de haber estado en el bolsillo. A lo lejos se alza algo que solo has visto en fotos: una vía que serpentea hacia las nubes. Junto a la primera cola hay una figura de madera con una línea roja a la altura de la cabeza. Te colocas justo a su lado, estiras el cuello todo lo que puedes y contienes la respiración. En ese momento llega corriendo una chica con la chaqueta verde del parque. «¿Alguien ha visto un conejito blanco?», pregunta sin aliento. «Ha saltado del sombrero del mago y ha entrado corriendo en el laberinto de espejos». Te mira. «Parece que tienes buena vista. ¿Me ayudas a encontrarlo?»














