Por qué el tema «El abecedario» da un buen libro
Una aventura a la medida del niño
Las letras son pequeños signos llenos de posibilidades. La primera que un niño aprende a reconocer suele ser la de su propio nombre, y después aparece por todas partes: en el cartón de leche, en el letrero de la calle, en la postal de la abuela. Un libro ilustrado en el que el nombre de tu hijo da pie a recorrer el abecedario hace que las letras sean algo suyo. Una letra deja de ser una línea en un cuaderno de ejercicios y se convierte en algo que tu hijo ha vivido, en una palabra que puede señalar y decir en voz alta. Y las letras menos frecuentes, como la X y la Z, por las que muchos abecedarios pasan de puntillas, tienen su propio lugar.
Letras escondidas en las imágenes
Una aventura por el abecedario no tiene por qué seguir el orden de siempre. Puede empezar por la letra del nombre de tu hijo y buscar después las demás, una a una: una O que rueda como una rueda, una T que hace equilibrios sobre una valla, una Y que parece un árbol con los brazos en alto. En cada imagen puede esconderse una letra en algo cotidiano: una ramita, el marco de una ventana o una tira de espagueti. El abecedario español tiene 27 letras, y las últimas, como la X y la Z, pueden tener su propia escena al final, cuando el viaje termina en casa.
Palabras que son vuestras
Lo que hace que un libro de letras sea de tu hijo son las palabras. Escribe cosas que de verdad dice y le gustan: G de gato Gus, B del barco del abuelo, T de tortitas los sábados. También caben las iniciales de sus hermanos y amigos, el nombre de vuestra calle y el de la escuela infantil. Si tu hijo tiene un nombre largo, varias de sus letras pueden aparecer una tras otra, como amigos que se unen al viaje. Cuando reconoce una palabra suya en el libro, la señala y la dice en voz alta una y otra vez, y entonces la letra cobra vida.
De los sonidos a la lectura
Para los más pequeños, de 0 a 2 años, lo importante son los sonidos y el ritmo: frases cortas en las que una misma letra vuelve a aparecer. De 3 a 5 años, las letras encuentran su lugar en una trama sencilla y tu hijo puede buscar la de su nombre en las páginas. A un niño de siete años que ya lee solo suele gustarle resolver un acertijo o escribir una palabra al revés. A partir de los 10 años, el texto es más largo y puede contener un misterio en el que las letras son las pistas.
Después de leer, podéis buscar letras por casa. Encontrad todas las del nombre de tu hijo en los envases de la despensa o escribidlas con un palo en la arena. La próxima vez que vayáis a la biblioteca, tu hijo puede elegir un libro cuyo título empiece por la misma letra que su nombre.
Tu hijo es el héroe
Rellenas el nombre y la edad del niño y lo que le gusta, y subes una foto. La historia sobre el abecedario se escribe para tu hijo en concreto, y las trece imágenes y la portada se dibujan a partir de la foto en el estilo que elijas. Hermanos, padres, abuelos o la mascota pueden acompañarlo, hasta cinco personajes. Si quieres incluir algo que haya pasado últimamente, un viaje o un diente que se ha caído, lo escribes y se integra en la historia.
Del libro electrónico al libro de tapa dura
El libro electrónico está listo unos minutos después del pago y puedes cambiar el texto y pedir imágenes nuevas. Después lo pides como libro de tapa dura en A4. Empieza a crear el libro o lee más sobre los precios. ¿Quieres ver cómo queda un libro terminado antes de decidirte? Hojea nuestros libros de ejemplo.
Así puede empezar la historia
Te despiertas porque algo te hace cosquillas en la nariz. Es una pequeña S curvada que se ha subido a tu almohada. «Perdona», dice, «pero tenemos un problema. Alguien ha desordenado todas las letras de la ciudad». Miras por la ventana. En el letrero de la panadería, donde normalmente pone PAN, ahora pone NAP. El cartel de la parada del autobús está completamente vacío, porque sus letras se han caído a la acera y duermen amontonadas. «Solo alguien que conozca su propio nombre puede despertarlas», dice la S, mirándote con esperanza. Te quedas pensando. Tu nombre empieza por una letra que conoces mejor que nadie. Te pones las zapatillas, bajas corriendo a la calle y gritas esa letra al aire de la mañana. En el fondo del montón, algo se mueve.






