Por qué el tema «Comer mejor» da un buen libro
Una aventura a la medida del niño
En la mesa hay muchas cosas que los niños no deciden por sí mismos, y quizá por eso un sabor nuevo puede parecerles algo enorme. Un libro ilustrado lleva la prueba del plato a la imaginación. Allí tu hijo puede ser un explorador que investiga un trozo de brócoli como si fuera un bosque diminuto, o un cocinero que decide qué va a la cazuela. Nadie insiste ni cuenta los bocados. El libro os da algo de lo que hablar la próxima vez que aparezca un plato desconocido y, quizá, un poco más de curiosidad que la última vez.
Cazuelas, mercados y bocados valientes
La historia puede ocurrir en casi cualquier lugar donde haya comida: en un mercado con puestos que huelen a canela y limón, en una cocina donde tu hijo y el abuelo preparan sopa o en un pícnic donde cada fiambrera esconde una sorpresa. Un viaje puede llevarlo a un país donde se come con palillos o con las manos, y la sección de verduras del supermercado puede convertirse en una selva por explorar. No se trata de terminarse el plato, sino de atreverse a mirar, oler y probar un bocadito, y de saber que no pasa nada si algo le parece raro.
Vuestro propio plato
Escribe lo que a tu hijo ya le encanta —palitos de pescado, gachas con miel o las lentejas de mamá— para que tenga algo conocido a lo que volver. Cuenta también qué le resulta difícil ahora mismo: quizá los champiñones o todo lo que sea verde. Si hay un plato especial en la familia, algo que prepara la abuela o que coméis cuando visitáis a parientes en otro país, puede tener su propia página. Y el gato que pide comida debajo de la mesa también puede acompañarlo.
Probar a su propio ritmo
Para 0–2 años, la comida se convierte en palabras, colores y sonidos: crac, sorbo, ñam. A los 3–5 años, tu hijo puede reconocerse en una pequeña prueba valiente, y a los 6–9 la historia puede convertirse en un concurso de cocina en el que tenga que inventar un plato nuevo. A partir de 10 años, el libro puede incluir comidas de distintas partes del mundo y las historias que hay detrás de ellas.
Después de leer, deja que tu hijo ayude a lavar, pelar o remover la cazuela. Preparad un plato de degustación con trocitos diminutos en el que esté permitido decir «no, gracias», o dibujad un menú para vuestro propio restaurante. Una visita a una granja también muestra de dónde vienen algunos alimentos.
Tu hijo es el héroe
Rellenas el nombre y la edad del niño y lo que le gusta, y subes una foto. La historia sobre probar comida nueva se escribe para tu hijo en concreto, y las trece imágenes y la portada se dibujan a partir de la foto en el estilo que elijas. Hermanos, padres, abuelos o la mascota pueden acompañarlo, hasta cinco personajes. Si quieres incluir algo que haya pasado últimamente, un viaje o un diente que se ha caído, lo escribes y se integra en la historia.
Del libro electrónico al libro de tapa dura
El libro electrónico está listo unos minutos después del pago y puedes cambiar el texto y pedir imágenes nuevas. Después lo pides como libro de tapa dura en A4. Empieza a crear el libro o lee más sobre los precios. ¿Quieres ver cómo queda un libro terminado antes de decidirte? Hojea nuestros libros de ejemplo.
Así puede empezar la historia
El restaurante está en lo alto de un roble y tú eres el chef. La encimera es una rama ancha, las cazuelas cuelgan de cuerdas y, al otro lado de la ventana, los clientes ya hacen cola. Primero llega un erizo que quiere algo crujiente. Después, un topo que solo come cosas naranjas. La última es una jirafa tan alta que tiene que meter la cabeza por el tejado. «Quiero algo que nunca haya probado», dice. Buscas en la despensa. Al fondo hay un tarro que nunca has abierto, con una etiqueta que dice: «Probar con cuidado». Desenroscas la tapa. Huele raro, un poco ácido y un poco dulce a la vez. La jirafa espera. El erizo espera. Hasta el topo ha dejado de masticar. Metes la cuchara y te la llevas despacio a la boca.






