Por qué el tema «Deporte» da un buen libro
Una aventura a la medida del niño
El deporte da a los niños un objetivo concreto: un gol, una marca o un salto que llega un poco más lejos cada semana. Se trata de ganar, pero más a menudo de entrenar, fallar, volver a intentarlo y formar parte de un equipo. Un libro sobre el deporte puede mostrar a tu hijo con su propia equipación y su número, practicando el deporte que hace de verdad o con el que sueña. También puede hablar de perder y, aun así, haberse divertido, algo que es más difícil de explicar que de mostrar.
Fútbol, natación o algo completamente distinto
El libro puede tratar de cualquier deporte: baloncesto, natación, equitación, gimnasia, atletismo, rugby, pádel o escalada. Tu hijo puede perder un partido y ganar un nuevo amigo en el equipo contrario. Puede practicar un salto que no le sale, tampoco a la siguiente, y que un martes por fin consigue. Puede ayudar a un nuevo compañero que aún no conoce las reglas o echar una carrera contra el viento en bicicleta por un camino de tierra y ganar por los pelos.
Un libro sobre el deporte no necesita un trofeo en la última página. A menudo, los momentos entre partidos son los que más cuentan: el viaje en autobús al torneo, las patatas fritas de después o el equipo cantando en las duchas.
El número de la camiseta, los compañeros y el entrenador
Describe el deporte que practica tu hijo, los colores del equipo, el número de su camiseta y lo que suele decir el entrenador. Escribe sobre un partido o torneo que recordéis, una vez que tu hijo marcó o falló y tuvo que volver a intentarlo. También tienen cabida los hermanos animando desde la grada y un padre o una madre con un termo bajo la lluvia. Si tu hijo aún no practica ningún deporte, pero no deja de hablar de uno, el libro puede ser un primer paso para probarlo. Piensa también en lo que más le cuesta —perder, esperar en el banquillo o que todos lo miren— y escríbelo. El libro puede tomárselo en serio sin hacerlo más grande de lo que es.
El partido a distintas edades
Para los más pequeños, el movimiento y los sonidos dan mucho juego: patada, bote, correr, ¡hurra! A un niño de cinco años le gusta un partido con un principio y un final claros. Los niños de seis a nueve años pueden tomar una decisión, como la de ponerse en la portería, y tener compañeros de equipo que hablan entre sí. Para uno de doce años puede haber un desenlace con verdadera emoción y algunas dudas por el camino.
Después de leer, jugad el partido del libro en el jardín. Hablad de las reglas que conocéis: en fútbol, solo el portero puede tocar el balón con las manos y solo dentro de su propia área, aparte de los saques de banda, claro. Si queréis leer más sobre partidos que se deciden en el último momento, echad un vistazo a la idea El partido que se decidió al final.
Tu hijo es el héroe
Rellenas el nombre y la edad del niño y lo que le gusta, y subes una foto. La historia sobre el deporte se escribe para tu hijo en concreto, y las trece imágenes y la portada se dibujan a partir de la foto en el estilo que elijas. Hermanos, padres, abuelos o la mascota pueden acompañarlo, hasta cinco personajes. Si quieres incluir algo que haya pasado últimamente, un viaje o un diente que se ha caído, lo escribes y se integra en la historia.
Del libro electrónico al libro de tapa dura
El libro electrónico está listo unos minutos después del pago y puedes cambiar el texto y pedir imágenes nuevas. Después lo pides como libro de tapa dura en A4. Empieza a crear el libro o lee más sobre los precios. ¿Quieres ver cómo queda un libro terminado antes de decidirte? Hojea nuestros libros de ejemplo.
Así puede empezar la historia
La camiseta del partido todavía huele a detergente. Te la pasas por la cabeza y te giras para ver el número de la espalda en el espejo. Es tu número, el que elegiste tú. En el vestuario hay mucho ruido: botas que se atan, alguien que deja caer su botella de agua, la entrenadora que da palmas. «Recordad», dice, «jugamos para divertirnos. Y nos pasamos el balón». Fuera, en el campo, la hierba está recién cortada y húmeda, y corre un poco de aire. El árbitro hace sonar el silbato. Corres, recibes el balón, lo pierdes, lo recuperas. En el descanso, una jugadora del otro equipo se acerca a vuestro banquillo con las mejillas rojas. «Nuestra portera se ha torcido el tobillo», dice. «No tenemos a nadie más. ¿Podría ponerse alguien de vuestro equipo en nuestra portería?». Todos te miran.














