Por qué el tema «Hadas» da un buen libro
Una aventura a la medida del niño
Las hadas son diminutas, y ahí reside buena parte de su encanto. Un niño que a menudo es el más pequeño de la habitación descubre de pronto un mundo donde una gota de rocío es un espejo y un diente de león es un árbol. Aquí tu hijo es el grande y puede decidir si quiere hacerse pequeño y unirse a ellas. Las hadas pueden ser juguetonas y un poco traviesas, pero en el libro se convierten en amigas que necesitan ayuda. El resultado es un cuento lleno de luz, flores y pequeños tesoros, y con muchas cosas que buscar después en el jardín.
Un reino entre la hierba
En un libro sobre las hadas, tu hijo puede hacerse pequeño como un pulgar y montar en un abejorro, ir a un baile bajo el sombrero de una seta o ayudar a las hadas a despertar las primeras flores de primavera. Quizá una joven hada se haya hecho daño en un ala junto a un arroyo y sea tu hijo quien sepa construir una balsa con una hoja. Lo pequeño se vuelve grande y objetos cotidianos como un botón o una cuenta se convierten en tesoros. Hay alas de todos los colores y cualquiera puede ser un hada. Tu hijo también puede aprender a volar: primero unos aleteos por encima de un charco y después muy alto, sobre la valla del jardín.
Llevad algo de casa al mundo de las hadas
Se dice que a las hadas les gustan las cosas pequeñas y brillantes, y podéis aprovecharlo. Cuéntanos cómo es la colección de tu hijo —conchas, canicas, una horquilla brillante— o el parterre donde plantáis girasoles juntos. Un gato al que le gusta tumbarse al sol puede convertirse en el gran y suave gigante de las hadas. Los hermanos pueden tener sus propias alas, y una abuela que cose puede haber hecho el vestido que necesita la reina de las hadas. Si tu hijo tiene una flor favorita, las hadas pueden vivir precisamente en ella.
Para un lector muy pequeño, el cuento puede tener frases cortas sobre volar, aterrizar y dormir dentro de una flor. A los niños mayores de preescolar les gusta seguir una misión sencilla por el prado. A partir de los seis años puede aparecer un hada que dice alguna mentirijilla o un hechizo que hay que romper con ingenio. Para los mayores, la historia puede tratar sobre lo que cuesta dejar atrás el reino de las hadas.
Niebla sobre el prado
En las antiguas leyendas británicas e irlandesas, las hadas bailan por los campos cuando la niebla se posa sobre ellos al atardecer en verano, y dejan círculos en la hierba por donde han pasado. Salid una tarde así y mirad: la niebla existe de verdad y es fácil entender por qué antiguamente la gente creía ver figuras bailando en ella. También podéis construir una casa de hadas bajo un arbusto con ramitas, musgo y piñas, y comprobar a la mañana siguiente si algo se ha movido. Después, hablad de lo grande y lo pequeño: ¿cómo sería una cocina para alguien que mide lo mismo que una cerilla?
Tu hijo es el héroe
Rellenas el nombre y la edad del niño y lo que le gusta, y subes una foto. La historia sobre las hadas se escribe para tu hijo en concreto, y las trece imágenes y la portada se dibujan a partir de la foto en el estilo que elijas. Hermanos, padres, abuelos o la mascota pueden acompañarlo, hasta cinco personajes. Si quieres incluir algo que haya pasado últimamente, un viaje o un diente que se ha caído, lo escribes y se integra en la historia.
Del libro electrónico al libro de tapa dura
El libro electrónico está listo unos minutos después del pago y puedes cambiar el texto y pedir imágenes nuevas. Después lo pides como libro de tapa dura en A4. Empieza a crear el libro o lee más sobre los precios. ¿Quieres ver cómo queda un libro terminado antes de decidirte? Hojea nuestros libros de ejemplo.
Así puede empezar la historia
Es pleno verano y todavía hay luz, aunque ya es muy tarde. Estás sentado en el escalón de la entrada, en pijama, mirando hacia el prado. La hierba está llena de campanillas y margaritas. Entonces ves algo moverse entre los tallos, algo que parpadea como una linterna, pero mucho más pequeño. Se acerca. Es una diminuta criatura con un vestido hecho de pétalos y sus alas zumban como las de una libélula. Aterriza en el dedo gordo de tu pie y se sacude el polen del pelo. «Perdona que te moleste», dice con una voz que suena como una campanilla. «Pero tenemos un problema. La luz de la luna se ha quedado atrapada en una telaraña y, sin ella, ninguna de nosotras podrá encontrar el camino a casa esta noche». Te mira. «Tú eres muy grande. ¿Puedes alcanzarla?»














