Por qué el tema «El dentista» da un buen libro
Una aventura a la medida del niño
Una visita al dentista es corta, pero está llena de cosas que tu hijo no conoce: un sillón que se mueve, una lámpara justo encima y aparatos que zumban y tienen nombres extraños. Lo desconocido suele ser lo que más cuesta. Verse sentado en el sillón hace que la visita le resulte familiar antes de que llegue el día. Tu hijo ve qué ocurre, en qué orden y cómo termina. Después, el mismo libro puede ayudarle a contar cómo fue la visita y a sentirse un poco orgulloso.
Qué suele pasar en el sillón
Una revisión normal es más tranquila de lo que muchos niños imaginan. El sillón sube y se inclina hacia atrás, se enciende la luz y el dentista o el higienista mira con un espejo y cuenta los dientes. A veces los pulen con un cepillito que zumba y hace cosquillas. Echan agua y la aspiran con un tubito que suena como cuando apuras las últimas gotas de un vaso con una pajita.
En el libro, el peluche puede pasar primero, tu hijo puede sujetar el espejo y el dentista puede decir cómo se llama cada cosa antes de usarla. Si quieres, el libro también puede mostrar la sala de espera, al personal saludando y quizá una pegatina al salir, si suelen darlas en vuestra consulta.
La visita de tu hijo
Haz que el libro se parezca a vuestra visita. ¿Quién lo acompaña, qué peluche llevará bien agarrado, de qué color es su cepillo de dientes? Si tiene un diente que se mueve o se le acaba de caer uno, puedes incluirlo. Si hay algo que le inquieta en particular —la luz, el ruido o tener que tumbarse—, escríbelo y el libro mostrará justamente eso, con calma y claridad.
Un hermano, una hermana o uno de sus padres puede pasar primero en el libro y mostrar cómo es la visita. A muchos niños les gusta ver a alguien conocido en el sillón antes de que llegue su turno.
Leer antes y después
Si eliges la edad de 0 a 2 años, bastan unas pocas palabras por página: abre, mira, brilla, listo. Un niño de tres años sigue la visita en el mismo orden en que sucede. Los más mayores pueden hacer sus propias preguntas en el libro y recibir respuestas, y a partir de los diez años hay más espacio para los nervios de antes y el alivio de que todo haya terminado.
Después podéis jugar a los dentistas con los peluches y contarles los dientes con una cucharilla. Hablad de lo que hacen los dientes: los de delante cortan la comida y las muelas la trituran. Un niño tiene 20 dientes de leche cuando le han salido todos. Y después de la visita, viene bien un libro sobre cepillarse los dientes.
Tu hijo es el héroe
Rellenas el nombre y la edad del niño y lo que le gusta, y subes una foto. La historia sobre el dentista se escribe para tu hijo en concreto, y las trece imágenes y la portada se dibujan a partir de la foto en el estilo que elijas. Hermanos, padres, abuelos o la mascota pueden acompañarlo, hasta cinco personajes. Si quieres incluir algo que haya pasado últimamente, un viaje o un diente que se ha caído, lo escribes y se integra en la historia.
Del libro electrónico al libro de tapa dura
El libro electrónico está listo unos minutos después del pago y puedes cambiar el texto y pedir imágenes nuevas. Después lo pides como libro de tapa dura en A4. Empieza a crear el libro o lee más sobre los precios. ¿Quieres ver cómo queda un libro terminado antes de decidirte? Hojea nuestros libros de ejemplo.
Así puede empezar la historia
En la sala de espera hay una pecera con un pez de rayas que nada de un lado a otro, de un lado a otro, como si también estuviera esperando su turno. Cuentas las vueltas. Cinco, seis, siete. Entonces se abre una puerta y alguien dice tu nombre. La dentista lleva guantes azules y se baja la mascarilla para sonreírte. «¿Quieres probar primero el sillón?», te pregunta. Tú asientes. El sillón sube despacio con un zumbido y, de pronto, puedes ver toda la habitación desde arriba, como si estuvieras en un mirador. «Ahora vamos a contar tus dientes», dice ella, enseñándote un espejito redondo. «Abre mucho la boca, como un león». Abres todo lo que puedes. Mientras ella cuenta, miras por la puerta abierta hacia la pecera. El pez de rayas se ha parado. Te mira fijamente. Y entonces te guiña un ojo.














