Por qué el tema «Carreras» da un buen libro
Una aventura a la medida del niño
La velocidad es una sensación que los niños entienden con todo el cuerpo. Quien ha bajado una cuesta en bicicleta o ha corrido tan deprisa que le zumba el viento en los oídos ya sabe de qué van las carreras. Un libro sobre las carreras sienta a tu hijo al volante de un coche con un número en la puerta y un equipo esperando en boxes. Es una historia sobre practicar, tomar bien las curvas y mantener la calma cuando alguien te adelanta. También es un libro sobre cómo se puede perder una carrera y aun así ganar otra cosa.
Tres vueltas que pueden acabar de muchas maneras
Un libro sobre carreras puede tratar de la competición, pero muchas cosas emocionantes suceden a su alrededor. Tu hijo puede construir el coche con el equipo, cambiar los neumáticos en unos segundos en boxes, parar en mitad de la carrera para ayudar a un piloto que se ha salido de la pista o conducir bajo un aguacero mientras todos los demás reducen la velocidad. También puede ser una carrera de coches sin motor cuesta abajo cerca de casa. Antes de la carrera llegan las vueltas de entrenamiento, en las que tu hijo aprende el circuito curva a curva y el mecánico pone el coche a punto.
Coche, número y color
Deja que tu hijo elija el color y el número del coche: quizá su edad o su número de la suerte. Escribe quién espera en boxes y quién anima desde la grada. Si tu hijo ha montado en kart, ha bajado una cuesta en trineo o ha dado vueltas en bicicleta por un circuito, el libro puede empezar así. Y ese cochecito de juguete que siempre lleva en el bolsillo puede servir de modelo para el coche de carreras. El casco puede ser del mismo color que su chaqueta favorita.
A los más pequeños les encantan los sonidos: brum, pi, piiii, y una llegada a la meta entre aplausos. A los niños de cuatro o cinco años les gusta una carrera corta en la que todos participan y reciben un trofeo al final. Los de seis pueden enfrentarse a una decisión de verdad, como ganar o parar a ayudar, mientras que para uno de once la temporada puede abarcar varias carreras, con contratiempos, piezas nuevas y una gran final. Si tu hijo prefiere correr o jugar a la pelota, echa un vistazo al tema Deporte.
Las banderas del circuito
En un circuito se habla con banderas, porque los pilotos no pueden oír nada por encima del ruido de los motores. La bandera de cuadros blancos y negros indica que la carrera ha terminado. La amarilla avisa de peligro más adelante: hay que reducir la velocidad y no adelantar. La roja significa que la carrera se detiene y todos deben parar. Después podéis hacer vuestras propias banderas de papel y dejar que tu hijo sea el comisario de pista mientras hacéis carreras de coches de juguete por el suelo.
Tu hijo es el héroe
Rellenas el nombre y la edad del niño y lo que le gusta, y subes una foto. La historia sobre las carreras se escribe para tu hijo en concreto, y las trece imágenes y la portada se dibujan a partir de la foto en el estilo que elijas. Hermanos, padres, abuelos o la mascota pueden acompañarlo, hasta cinco personajes. Si quieres incluir algo que haya pasado últimamente, un viaje o un diente que se ha caído, lo escribes y se integra en la historia.
Del libro electrónico al libro de tapa dura
El libro electrónico está listo unos minutos después del pago y puedes cambiar el texto y pedir imágenes nuevas. Después lo pides como libro de tapa dura en A4. Empieza a crear el libro o lee más sobre los precios. ¿Quieres ver cómo queda un libro terminado antes de decidirte? Hojea nuestros libros de ejemplo.
Así puede empezar la historia
El casco se ajusta bien a tus mejillas y lo único que oyes es tu propia respiración. El coche vibra debajo de ti como un gato que ronronea, solo que muchísimo más fuerte. A través de la visera ves las luces de salida sobre el circuito. Se enciende una luz roja. Dos. Tres. A tu lado, en el coche número siete, hay un piloto con casco plateado que no ha perdido ni una sola carrera en toda la temporada. Ni siquiera mira hacia ti. Pones las manos en el volante y notas que los guantes están un poco húmedos por dentro. Cuatro luces rojas. Cinco. Por el auricular oyes a tu mecánico: «Recuerda lo que dijimos. No decide la recta, decide la tercera curva». Las luces se apagan. Pisas el acelerador a fondo y entonces lo ves en el retrovisor: una luz parpadeante a lo lejos, que se acerca más deprisa de lo que debería poder hacerlo cualquier coche.














