Envío gratis al pedir 2 libros•Cada 3.º libro de tapa dura, a mitad de precio

Envío gratis desde 2 libros Cada 3.º libro de tapa dura, a mitad de precio

El gnomo de la casa de jengibre

3–7 años8 minAcogedor

Un pequeño gnomo de Navidad, con un largo gorro rojo y barba blanca, está junto a un dedal lleno de gachas, delante de la puerta de una casa de jengibre en la ventana de una cocina, una noche de nieve

El primer domingo de Adviento, Majken y papá construyeron una casa de jengibre. Tenía cuatro paredes, un tejado cubierto de nieve de azúcar glas y una puerta que papá recortó un poco torcida. Majken puso una gominola roja como pomo de la puerta y una almendra en la chimenea. Después colocaron la casa en la ventana de la cocina, entre las velas de Adviento y el viejo gnomo de barba de algodón.

A la mañana siguiente, había algo que no encajaba.

La puerta torcida estaba entreabierta, aunque la habían dejado cerrada.

—Habrás estado trasteando con ella —dijo papá.

—¡Yo no he sido! —dijo Majken.

Fue a buscar su cuaderno y dibujó la puerta y la casa, como una detective de verdad.

A la mañana siguiente, la gominola estaba en la chimenea y la almendra, en la puerta. A la mañana siguiente apareció un surco estrecho que bajaba por la nieve de azúcar del tejado, como si alguien se hubiera deslizado en trineo.

Y el día de Santa Lucía, una fiesta de diciembre en la que los niños se visten de blanco y cantan, Majken bajó en camisón y con espumillón en el pelo. Entonces las vio.

Huellas diminutas en la nieve del tejado. No eran de patitas, sino de botas con tacón, no más grandes que granos de arroz.

—Alguien vive en nuestra casa de jengibre —susurró.

No se lo contó a papá, todavía no. Una detective de verdad no dice nada hasta estar segura. En cambio, se acordó de lo que decía la abuela: en Navidad hay que dejarle un cuenco de gachas al gnomo que cuida la casa. Si no, se enfada y hace travesuras.

La puerta, la gominola, el surco del trineo. Todo eran travesuras. Quien vivía en la casa de jengibre seguramente era un gnomo, pero uno pequeñísimo. Un gnomito. Y un gnomito tan pequeño no necesitaba un cuenco grande, pensó Majken.

Así que la noche anterior a Nochebuena cogió un dedal del costurero de la abuela. Lo llenó con las gachas de arroz que habían sobrado de la cena, puso una pasa encima y lo dejó justo delante de la puerta torcida.

—Aquí tienes —susurró—. Y feliz Navidad.

Aquella noche, Majken no podía dormir. La casa crujía y chasqueaba, y fuera la nieve caía tan en silencio que casi podía oírla. Al final cogió su linterna y bajó de puntillas las escaleras, pasó junto al árbol de Navidad que olía a bosque y entró en la cocina a oscuras.

No encendió la luz. Se sentó en el suelo y esperó.

Al principio no pasó nada. Después se oyó un ruidito, como si algo rozara el suelo. La puerta torcida se abrió y salió un gnomo de Navidad. No era más alto que el dedo meñique de Majken. Su barba blanca le llegaba hasta el cinturón y su gorro rojo era tan largo que la borla casi arrastraba por la nieve. Llevaba algo verde entre los brazos.

El gnomo lo dejó en la nieve, junto a la casa. Era una aguja del árbol de Navidad del salón. La puso de pie y la sujetó con un pegote de azúcar glas. En la punta colocó un granito de azúcar que brillaba.

El gnomo había hecho su propio árbol de Navidad.

Majken contuvo la respiración. El gnomo se volvió y la miró directamente. No corrió a esconderse. Se quedó mirándola, y la barba le tembló un poquito, como si estuviera sonriendo debajo.

—Feliz Navidad —susurró Majken.

El gnomo se sentó junto al dedal y se comió las gachas. Se las terminó todas y dejó la pasa para el final. Después se levantó el gorro a modo de saludo, entró por la puerta y la cerró tras de sí.

La mañana de Nochebuena, el dedal estaba vacío y reluciente, como si alguien lo hubiera rebañado hasta dejarlo limpio. A su lado estaba el arbolito hecho con una sola aguja. Majken sabía que era para ella.

Durante toda la Navidad, la casa de jengibre se quedó en la ventana y nadie pudo comérsela. Pero llegó el día de San Knut, cuando se baila alrededor del árbol para despedir la Navidad, y papá quiso tirarla. Majken dijo que no.

—Alguien vive ahí —dijo—. Y es invierno.

Papá la miró. Después miró el arbolito hecho con una sola aguja.

—El cobertizo —dijo—. Allí no hay humedad. Y a los gnomos siempre les ha gustado vivir en cobertizos.

Así que la casa de jengibre se mudó a una estantería del cobertizo, donde estaba seca y tranquila. Majken volvía a llenar el dedal cada sábado. En su cuaderno dibujó también al gnomo, con su gorro rojo.

Y si alguna noche de enero pasas de puntillas junto al cobertizo y miras con mucha, mucha atención, quizá veas una lucecita en una ventana de jengibre.

Hablad sobre el cuento

  • ¿Qué travesuras crees que hizo el gnomo las otras noches, mientras Majken dormía?
  • ¿Por qué crees que el gnomo le regaló a Majken un árbol hecho con una sola aguja?
  • Si un gnomo se mudara a vuestra casa, ¿dónde viviría y qué le dejarías para comer?

Inventad una continuación

¿Qué hará el gnomo en el cobertizo cuando llegue la primavera? Inventad juntos la continuación o dibujad un gnomo de Navidad paso a paso y dejad que se mude a vuestro cuaderno, como hizo en el de Majken.

El próximo cuento puede ser sobre tu peque

Sube una foto o un dibujo que haya hecho tu peque y crearemos un cuento ilustrado en el que será protagonista.

  1. 1

    Una foto o un dibujo

    Tu peque será protagonista, o también puede serlo el personaje que haya dibujado. Sus hermanos, la abuela y el gato también pueden acompañarle.

  2. 2

    Elige de qué trata el cuento

    Escoge un tema, un mensaje y las cosas que le gustan a tu peque. También puedes añadir detalles que hayáis imaginado juntos.

  3. 3

    Leedlo esta noche

    El libro electrónico está listo en unos minutos y cuesta 6,99 €. Puedes añadir un ejemplar de tapa dura por 37,99 € más.

Crear un cuento sobre tu peque