El dragón que salió del dibujo

Lucía había dibujado un dragón. Era verde y redondo como una patata, tenía tres cuernos rojos, un ala naranja, un ojo enorme y un corazón rosa en mitad de la barriga. Lucía lo llamó Nico y colgó el dibujo en la pared, junto a su cama.
—Buenas noches, Nico —dijo Lucía, y apagó la luz.
En mitad de la noche, un ruido despertó a Lucía. Ras, ras. Ras, ras.
Lucía encendió la lamparita de noche. El dibujo estaba vacío. Donde debería haber estado el dragón solo quedaban el papel blanco y un pequeño borrón verde en una esquina. Y allí, en el suelo, estaba sentado Nico, grande como un gato y verde como la cera, parpadeando con su único ojo.
—Hola —dijo Nico. Su voz sonaba como una cera al deslizarse deprisa por el papel—. Tengo hambre.
—¿Qué comen los dragones? —susurró Lucía.
—Colores —dijo Nico, como si fuera lo más normal del mundo.
Lucía sacó el bote de las ceras. Nico las olisqueó y escogió una azul. Se la comió a mordisquitos, como si fuera una zanahoria, y enseguida su ala se volvió azul como el cielo. Probó a aletear. Se levantó un poquito del suelo y aterrizó de culo.
—Necesito otra ala —dijo Nico—. Así podré volar de verdad.
A Lucía le encantaba la idea de dibujarle otra ala. Pero en el bote solo había una cera azul, y ahora estaba en la barriga de Nico. La caja grande de ceras estaba en la cocina.
El pasillo estaba oscuro. El suelo crujía. Nico se acurrucó detrás de las piernas de Lucía.
—¿Tienes miedo? —preguntó ella.
—Los dragones nunca tienen miedo —dijo Nico con voz temblorosa—. Pero será mejor que vayas tú primero.
Atravesaron el pasillo de puntillas, pasaron junto a la chaqueta de papá, que en la oscuridad parecía un ogro, y llegaron hasta la cocina. La caja de ceras estaba sobre la mesa. Lucía se subió a una silla y estiró el brazo para cogerla.
Entonces se oyó un zumbido. Una lucecita verde se encendió junto al suelo y algo redondo y plano empezó a avanzar directamente hacia ellos.
—¡UN MONSTRUO! —gritó Nico, y saltó a los brazos de Lucía.
Era el robot aspirador. Solía ponerse en marcha por la noche, cuando todos dormían. Zumbaba y daba vueltas, aspirando todo lo que encontraba por el suelo. Y un dragón hecho de cera era casi como un montón de migas.
—No te va a coger —dijo Lucía, abrazando fuerte a Nico—. Te lo prometo.
Lucía estiró un pie y empujó el aspirador hacia el otro lado. El robot soltó un zumbido de sorpresa, se lo pensó un momento y se marchó debajo de la mesa de la cocina.
Nico levantó la mirada. El corazón de su barriga brillaba con una tenue luz rosa.
—Has sido muy valiente —dijo.
—Tú también —dijo Lucía—. Has venido conmigo.
Al otro lado de la ventana de la cocina, el cielo empezaba a clarear. De pronto, Nico puso cara de preocupación.
—Tengo que volver a casa antes de que salga el sol —dijo—. Por la mañana, un dibujo tiene que estar en su papel. Si no, ya nunca podrá volver.
Corrieron por el pasillo, pasaron junto a la chaqueta-ogro y entraron en la habitación. Por el camino, Nico cogió una cera azul de la caja. Tomó impulso y saltó directamente al papel blanco. El papel crujió y allí estaba él de nuevo, plano y quieto, justo donde Lucía lo había dibujado.
Lucía se metió bajo el edredón y se durmió antes de apoyar la cabeza en la almohada.
Pero el dibujo no era exactamente igual que antes.
Cuando papá entró para despertar a Lucía, el dragón del dibujo parecía el mismo de siempre, con sus tres cuernos rojos y su corazón rosa. Pero el ala era azul. Y en una de las patas sostenía una pequeña cera azul.
—¿Has cambiado el dibujo? —preguntó papá.
—No —dijo Lucía, sonriendo—. Es que ha comido.
Aquella mañana, Lucía terminó el dibujo: le añadió otra ala y, junto al dragón, una camita para que Nico tuviera donde dormir hasta la noche siguiente.
Hablad sobre el cuento
- ¿Qué pasaría si tu dibujo saliera del papel una noche?
- ¿Por qué dijo Nico que los dragones nunca tienen miedo, aunque estaba temblando?
- ¿Qué color se comería tu dragón y qué podría hacer después?
Inventad una continuación
Dibujad vuestro propio dragón paso a paso e inventad qué ocurre la noche siguiente, cuando sale del papel.

