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Cómo preparar a tu hijo para la llegada de un hermano

Es fácil pensar que un bebé es un regalo para su hermano mayor. Para él, puede ser más bien como si alguien entrara a vivir en su habitación sin preguntar y ya no se marchara nunca. Te contamos cómo acompañarlo, tanto si tiene dos años y aún no entiende lo que pasa como si tiene tres y vuelve a pedir el biberón o va al colegio y no dice nada.

Primero: también está bien sentir un poco de tristeza

Muchos padres y madres sienten una punzada de tristeza junto a la alegría. La etapa en la que estabais a solas con vuestro primer hijo está llegando a su fin. Y, cuando nace el bebé, puede pasar algo extraño: el niño que ayer era tu bebé parece de repente enorme, con pies grandes, voz alta y codos por todas partes. Incluso puede que te moleste lo mucho que ocupa. Luego se queda dormido y ves lo pequeño que sigue siendo.

Eso no significa que lo estés haciendo mal. Significa que entiendes lo importante que es este cambio para tu hijo, y es un buen punto de partida. No puedes protegerlo de todas las emociones difíciles, ni hace falta. Lo importante es que pueda sentirlas teniéndote cerca.

Durante la espera: cuéntaselo tú y dile la verdad

Cuéntaselo tú antes de que se entere por otra persona. Cuándo hacerlo depende de su edad. Para un niño de dos años, «dentro de cinco meses» significa muy poco, así que puedes esperar a que se note la barriga y empiecen los cambios en casa. Uno de cinco puede enterarse antes y tener tiempo para preguntar y hacerse a la idea. Relaciona la espera con algo que conozca: después de su cumpleaños o cerca de una celebración familiar.

Sé sincero sobre cómo son los bebés. Si espera un compañero de juegos desde el primer día, es probable que se lleve una decepción. Puedes decirle: «Al principio los bebés son un poco aburridos. No saben construir con Lego; sobre todo comen, duermen y lloran. Pero cuando el bebé duerma, tú y yo podremos construir la torre más alta». O podéis mirar juntos sus fotos de bebé: «Tú también eras así de pequeño. Llorabas cuando tenías hambre y yo acudía a cuidarte».

¿Va a dejar la cuna por una cama más grande o a cambiar de habitación? Si podéis, hacedlo varios meses antes de que llegue el bebé, para que no sienta que le ha quitado su sitio. Los cambios que puedan esperar, como dejar el chupete o el pañal, es mejor dejarlos para cuando todos os hayáis adaptado.

Incluso un niño de un año que no entiende la palabra «bebé» nota que algo está cambiando: queda menos sitio en tu regazo a medida que crece la barriga, estás más cansada o hay una cuna nueva en un rincón. Quizá no puedas explicárselo todo, pero sí darle seguridad con la misma rutina para dormir, el mismo cuento y un poco más de tiempo en brazos.

El primer encuentro: intenta tener los brazos libres

Si te quedas con un solo consejo, que sea este. Si puedes, evita tener al bebé en brazos cuando tu hijo mayor vaya a conocerlo al hospital o cuando entréis en casa. Acuesta al bebé en un lugar seguro o pide a alguien que lo sostenga, para recibir al mayor con los brazos libres y darle el primer abrazo. Si no sale así, no pasa nada. Lo que cuenta son miles de pequeños momentos, no uno solo.

Deja que tu hijo se acerque al bebé a su ritmo. Algunos quieren cogerlo enseguida. Otros lo miran un segundo y luego preguntan si hay helado. Las dos son formas normales de reaccionar ante algo que cuesta asimilar de golpe.

Algunas familias le dan al hermano mayor un regalo «de parte del bebé». No tiene que ser caro. Puede ser simplemente una forma de hacerle sentir que también se han acordado de él.

Las semanas después: cuando empieza a hacerse real

El momento más difícil no suele ser el primer día. Puede llegar un martes, tres semanas después, cuando ya no vienen tantas visitas y tu hijo entiende que el bebé se queda a vivir con vosotros. Y parece que nunca falla: justo cuando te sientas a dar el pecho o el biberón y no puedes levantarte, el de tres años necesita leche ahora mismo o empieza a trepar por la estantería. Ten algo preparado para esos momentos: un audiocuento, una caja de pegatinas que solo saquéis entonces o un libro para leer juntos en el sofá mientras come el bebé.

Muchos niños quieren volver a ser pequeños. Hasta los cinco o seis años pueden pedir el biberón, querer que los cojan en brazos o empezar a hablar como bebés, y estos cambios pueden tardar meses en aparecer, según el servicio sanitario sueco 1177 (en sueco). Deja que tu hijo sea pequeño un rato; puede que no necesite hacerlo durante mucho tiempo. Intenta decir menos a menudo «tú que ya eres mayor». Los mayores también necesitan sentirse pequeños a veces.

Y quizá algún día llegue la frase: «Devuelve al bebé». No te asustes ni te avergüences. Pon palabras a lo que siente tu hijo, no a lo que te gustaría que sintiera: «Antes te gustaba más. Lo entiendo. A veces yo también echo de menos cuando estábamos solos». Con un niño de tres años puede ser aún más sencillo: «Estás enfadado con el bebé. Está bien enfadarse. Pero no pegamos».

Un niño en edad escolar tiene más palabras, pero eso no significa que sus emociones sean menos intensas. Los mayores pueden aguantar mucho tiempo y después mostrarse más discutidores, tristes o empeñados en portarse especialmente bien. Esto último merece atención. Un niño que de repente parece no necesitar nada puede ser quien más te necesite.

Un rato a solas y quién recibe el primer saludo

Dedica cada día al hermano mayor un rato solo para él, también con el progenitor que más tiempo pasa con el bebé. No tiene que ser largo, pero sí una actividad en la que el bebé no participe: ir al parque, hacer un puzle o leer un cuento en la cama del mayor con la puerta cerrada.

Recibe a las visitas en la puerta y pídeles que saluden primero al hermano mayor, antes de acercarse al bebé. Si alguien trae un regalo para el bebé, también puede traerle un pequeño detalle al mayor. Son cosas que los niños recuerdan mucho después de que la ropa del bebé se haya quedado pequeña.

Un libro donde el hermano mayor es el protagonista

Cuando todas las miradas se dirigen al bebé, el hermano mayor también necesita tener la oportunidad de ser protagonista. Un libro propio puede dársela: una hermana o un hermano mayor con su cara, su peluche y una misión que solo él o ella puede cumplir. Leedlo juntos en el sofá mientras el bebé duerme: quince minutos en los que el mayor vuelve a ser el centro de atención. También puede ser un bonito regalo de parte del bebé en su primer encuentro. Descubre los regalos para futuros hermanos mayores o el tema Hermano mayor.

Y dentro de unos años, cuando el pequeño quiera un libro solo para él, también podrán aparecer en las historias del otro. Te contamos cómo darles a ambos su lugar en el artículo sobre hermanos en un mismo libro.

Si todo se hace demasiado cuesta arriba

La mayoría de los hermanos encuentran la forma de acercarse a su propio ritmo, a menudo en momentos que nadie podría haber planeado: la primera vez que el bebé se ríe con su hermano mayor, y solo con él. Pero si te preocupa la situación, te cuesta conectar con el bebé o sientes que no llegas a atender al mayor, habla con alguien cuanto antes.

En tu centro de salud, el pediatra, tu médico de familia o la matrona pueden orientarte y ayudarte a encontrar apoyo. Si tu hijo va al colegio, también puedes hablar con su tutor o con el equipo de orientación. El servicio sanitario sueco 1177 tiene una guía sobre la llegada de un hermano en sueco, que también trata la adopción y la unión de familias.

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